sábado, 15 de junio de 2013

Permisividad con motorizados ha contribuido al auge delictivo

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Cerca de 90% de los crímenes son cometidos sobre dos ruedas

En los atracos masivos que tienen lugar en las colas, como apoyo en los secuestros, en las agresiones a manifestaciones políticas, en los robos que ocurren en barrios y urbanizaciones... en casi todos los delitos que se cometen en el país están involucrados los motorizados.

El criminólogo Fermín Mármol García estima que alrededor de 90% de los delitos involucran un motorizado, bien como víctima o victimario, una apreciación que de alguna manera comparte el ministro de Interior y Justicia, Miguel Rodríguez Torres, quien declaró: "En el desorden sólo habita la delincuencia. Muchos delitos de homicidio, sicariato y atracos ocurren en motos".

La permisividad que desde el oficialismo se ha mostrado hacia el gremio motorizado desde que en el año 2001 el Concejo Municipal de Libertador permitió por primera vez en 16 años la circulación de motorizados por las autopistas ha terminado convirtiéndose en un disparador de los delitos. Como dice el propio ministro, en el desorden la delincuencia tiene un perfecto caldo de cultivo.

El limbo jurídico en que se encuentra este gremio es de tal magnitud que ni siquiera se ha promulgado el reglamento que debe regular su actividad, un reglamento cuyo plazo venció por primera vez en abril de 2012 y que desde entonces ha ido de prórroga en prórroga.

En el último censo de motorizados quedaron registrados 275 mil, que es apenas la tercera parte de los más de 800 mil que, según cálculos por las ventas de motos, hay en el país.

El gobierno pareciera pensar que hacerse de la vista gorda ante las infracciones de los motorizados pudiera convenirle para luego utilizarlos como fuerza de choque político, como queda patente en cada elección y como acaba de suceder en la UCV, cuando un grupo de motorizados armados agredió a estudiantes y docentes que se encontraban en una asamblea.

El sociólogo Tito La Cruz advierte que cuando se otorga mucha permisividad a un actor social, el mismo se siente autónomo y actúa en consecuencia, y manejarlo se vuelve eventualmente imposible.

Por eso es que los delitos vinculados a motorizados se han disparado: porque muchos se sienten con impunidad para actuar. Quien puede comerse una luz o hacer un giro ilegal en una avenida ante los ojos de un fiscal de tránsito, puede llegar a pensar que también tiene licencia para incurrir en infracciones de mayor envergadura.

Lo cierto es que el ciudadano de a pie tiembla cuando oye el sonido de una moto en cualquier lugar no muy concurrido, y el motorizado (a pesar de que quienes conforman este gremio utilizan la moto para trabajar) se ha convertido en símbolo no solo del caos sino también de la delincuencia que desde hace años azota al país.

Por JAVIER BRASSESCO | EL UNIVERSAL

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